El castigo
que conlleva a la condena, donde acaban los individuos en las prisiones el
resto de sus vidas, incluso la pena de muerte del cual muchos países se sienten
afortunados por ejecutarla, manteniendo la idea de que es el mejor método para erradicar el
terror.
Desde mi
punto de vista, con todas mis facultades y mi íntegra conciencia y afirmación,
considero que si apoyamos la pena de muerte lo único que nos aseguraremos es de
ocultar el problema pero jamás erradicarlo, porque ya sabemos que en muchos
países donde se aplica la pena de muerte el índice de criminalidad sigue su
curso, y por otra parte los individuos que han violado, acecinado y cometido
todo tipo de atrocidades incluso después de finalizar sus largas condenas
muchos han vuelto a cometer los mismos crímenes, sin ánimo de arrepentirse.
Entonces,
estos hechos no pueden pasar desapercibidos para el estado, para los cuerpos de
seguridad, para las víctimas, las
familias afectadas, para los ciudadanos y las asociaciones. Tenemos que exigir
al poder judicial, a los tribunales, a los jueces que se juzgue siempre con
toda la parcialidad, siendo neutros, que se ajuste la condena al delito que se
haya cometido, que se castigue sí, pero con objetividad, que las prisiones no
se conviertan en edificios con celdas para incrementar la pasión agresiva de los condenados, que ir a
prisión no signifique tener ganas de venganza hacia la propia justicia, que
estar en prisión no conlleve deseos de quitarse uno la vida con sus propias
manos.
Debemos
castigar, sí pero también educar, nos gusta juzgar sí, pero nos cuesta
corregir, tenemos odio, sí, pero nos tenemos que controlar, nadie tiene el
derecho supremo de arrebatar la vida a un ser humano, y todo aquél que viole,
acecine, tiene que ser juzgado, pero si la justicia consiste en quitarle la
vida a el sujeto condenado, y además la sociedad apoya tal resolución, entonces
el poder judicial, los tribunales, el juez y la sociedad no se podrán
diferenciar del acecino.
La educación
tiene que ser la máxima por alcanzar para las personas, los niños son el futuro
y por este motivo necesitan desarrollarse en un ambiente digno, de valores, con
principios éticos y con la cultura y educación necesaria para tener conciencia
de sus derechos, de su esencia como ser humano, así podrán respetar la vida, la
dignidad de los demás humanos cuando se hagan hombres.
Necesitamos
trabajar más en métodos que eviten los actos de criminalidad, violación,
tráfico de personas, la responsabilidad del estado, de los gobernantes es de invertir en la cultura, en técnicas
para ofrecer oportunidades a los jóvenes, los padres necesitan desarrollarse,
aprender cómo ofrecer a sus hijos unas bases éticas, unos comportamientos
idóneos, ofrecer más amor a los hijos, estar más tiempo con ellos, escucharles,
conocerles, entender su miedos y apoyarles en su largo camino del aprendizaje, y los profesores, los medios de comunicación,
la economía, la globalización, las redes sociales y en definitiva la sociedad
tienen que colaborar en el cuidado de la información que se emite, evitando la
manipulación, ofreciendo oportunidades laborales, defendiendo la integridad,
valorando a las personas por sus conocimientos, habilidades y no por sus
orígenes, o su inclinación sexual, de este manera nadie se sentirá marginado,
discriminado, excluido de la familia ni de la sociedad y nuestras comunidades
podrán vivir en paz y no sobrevivir en guerras.
Mariano Ehapo.