Ando siempre removiendo las neuronas,
me siento en los bancos solitarios,
y se me vienen todos los llantos
de las mujeres de India, Asia,
África, Irak y muchos más,
y me fatigan los oídos,
derramo lágrimas y siento el dolor
de sus vidas como una espada caliente
que atraviesa mi pecho.
Se acumulan como una nube negra
Toda la tristeza de los niños inocentes,
que reciben armas y no flores,
palos y no alimentos
y me siento como un niño,
y cierro mis ojos llenos de lágrimas.
Veo esos pueblos grises y devastados,
con escombros sobre vidas apagadas,
y no puedo guardarme tanta tristeza.
Entonces declaro,
declaro de nuevo
con cólera y fuerza
el derecho a la vida,
la dignidad y la libertad
de todas las mujeres,
de todos los hijos del planeta.
con más furia y mucha,
mucha energía declaro:
una nueva independencia,
de todos los pueblos viejos,
nuevos y países en guerra.
Pero no puedo con tanto dolor
para un solo hombre.
2 comentarios:
Te acompaño en la declaración. La justicia es igual para todos.
Jonni.
Vivir con esa carga es sumamente duro, como si te aplastara el pecho y no te dejase respirar, y es que ser sensible muchas veces no tiene ninguna ventaja.
No pierdas esa empatía.
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